PAPEL DE LOS HERBICIDAS EN LA AGRICULTURA DEL TERCER MILENIO.

En una «agricultura productivista», los herbicidas son uno de los medios de producción que más han influido en el aumento de la producción de los cultivos, contribuyendo asimismo a una mejora de la calidad de vida del agricultor y al trasvase de la población activa agraria al sector industrial, y especialmente al sector de los Servicios, que en general gozaban de un nivel económico más elevado.
En este tipo de agricultura, necesaria para poder alimentar a una población con una escasez de alimentos, los herbicidas han jugado un papel fundamental, desde la introducción del 2,4-D como herbicida, en plena 2ª Guerra Mundial, cuyo cincuentenario celebramos hace unos años (García-Baudín, 1994).
En la actualidad, cubiertas las necesidades alimenticias al menos en el ámbito de los países industrializados, la sociedad demanda una agricultura en la que la tecnología aplicada a los cultivos no sea nociva para la salud humana y animal y que sea respetuosa con el medio ambiente, es decir la que llamamos «agricultura sostenible». En esta nueva agricultura, se deben producir los alimentos, en cantidad, variedad y calidad que demanden los consumidores, sin aumentar la superficie cultivada, de forma económicamente rentable, contemplando una mejora de la calidad de vida del agricultor y respetando el medio ambiente.
La utilización de productos fitosanitarios, y en particular de herbicidas, no sólo es posible en la agricultura sostenible, sino incluso necesaria, pero, estos productos, además de ser eficaces para el control de las plagas, enfermedades y malas hierbas de los cultivos, no deben tener efectos nocivos para el hombre, los animales y el medio ambiente.
La Unión Europea, constatando esta realidad, dicta la Directiva 91/414/CEE, de 15 de Julio de 1991, en la que considera la importancia de la producción vegetal y la utilización de los productos fitosanitarios, exponiendo en el preámbulo de dicha Directiva:

1. La producción vegetal tiene un papel muy importante en la Comunidad europea, y siendo el rendimiento de esta producción afectado por organismos nocivos, que incluyen las malas hierbas, se hace necesario proteger a los vegetales de estos riesgos para evitar la disminución de su rendimiento y para contribuir a asegurar los abastecimientos.

2. La utilización de productos fitosanitarios, constituye uno de los principales medios para proteger a los vegetales y productos vegetales y para mejorar la producción agrícola, pero como resalta esta Directiva, su utilización puede acarrear riesgos para el hombre, los animales y el medio ambiente, especialmente si se utilizan de una manera incorrecta.

Asimismo, esta Directiva, considera que principios uniformes deben ser aplicados por los Estados miembros en lo concerniente a las condiciones y procedimientos de autorización para los productos fitosanitarios, estableciendo que únicamente los productos fitosanitarios, cuyas sustancias activas se inscriban en el Anejo I de la Comisión, pueden ser comercializados. La Directiva establece las condiciones requeridas para que una sustancia activa se incluya en la lista positiva única.
El cumplimiento de lo establecido en esta Directiva, hará posible la presentación a la sociedad europea los productos fitosanitarios más seguros para la salud humana, respetuosos con el medio ambiente, y lo suficientemente eficaces para controlar las plagas, enfermedades y malas hierbas de los cultivos.
En el caso de los herbicidas su baja toxicidad para el Reino Animal, hace que el riesgo de efectos nocivos sobre el hombre y los animales sea mínimo, aunque debido a su fitotoxicidad y persistencia en el suelo, pueden tener efectos negativos sobre los vegetales y el medio ambiente. Una especial repercusión, que se debe tener en cuenta, puede producirse sobre especies vegetales ajenas al objetivo, lo que se llama plantas no diana.
Utilización de herbicidas, claramente sí, pero con un conocimiento profundo de sus consecuencias, positivas o negativas, con un total